Una noche en brazos de Perséfone
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| Perséfone |
La semana pasada, en la clase de metafísica, me pidieron que redactara un escrito sobre la poesía. Se me ocurrió escribir sobre el oficio del poeta y compararlo con el viaje de Orfeo al Hades. Tan pronto terminé el escrito, se lo envié a Heida para que lo comentara, en su contestación me indicó que la versión del mito de Orfeo que había utilizado no era la comúnmente aceptada , también me envió algunas referencias.
Anoté las referencias, caminé hasta la biblioteca y busqué mis libros de mitología. Abrí el primer libro e inmediatamente me topé con que Orfeo bien puede ser hijo de Apolo y Clío o de Clalíope y el rey Eagro. Busqué más libros y referencias en el internet y aprendí que la más aceptada de las versiones es la de Apolo y Clío. Luego de aclarar mi primera duda tomé uno de los libros y comencé a releer la historia, que al principio decía Orfeo tocaba la lira, luego de dos párrafos el mismo texto indicaba que Orfeo era diestro tocando la cítara y terminé algo confundido.
También me sucedió que al leer la palabra “cítara” me vino a la mente, La Cítrica. Una chica que fue cantinera en un club de bailarinas exóticas que alguna vez hubo cerca del Resbalón en la calle Los Millones. Entonces fue cuando me arroparon las dudas y los recuerdos. Me puse de pie para consultar el diccionario y aprendí que la cítara es una versión glorificada de la lira. Continué leyendo hasta que tuve una idea clara sobre el asunto, casi podía dar por sentado que había tres evangelios órficos dos canónicos y el apócrifo que encontré en el primer intento.
Todavía me faltaba aclarar cómo y cuándo la serpiente había mordido a Eurídice, qué sucedió con Orfeo luego que volteó el rostro y la perdió para siempre. Cuando a mitad de un párrafo apreció, Plutón, a complicarme la existencia. Me detuve un momento para ver qué estaba leyendo, el capítulo llevaba por título Mitología grecorromana. Hice otra pausa, respiré hondo y me dije... “la lucha es grecorromana, la mitología es griega usurpada por los romanos”.
Los romanos eran buenos guerreando, tomando vino, construyendo carreteras y haciendo orgías. Imagínese usted si eran incompetentes en los asuntos de fe que luego de haber echado a perder todos los dioses griegos terminaron apropiándose de uno de los dioses judios.
Mientras se acercaba la medianoche las tres versiones del mito daban vueltas de un lado al otro en mi cabeza, brincaban entre neurona y neurona. En ese momento me asaltó un recuerdo de la infancia que puso que fin al brinca y salta de los mitos. El día en que mi maestra de primer grado le dijo a mi vieja... “mi santa no te preocupes, el muchacho te salió brutito, pero si no fastidia mucho en el aula le doy una C menos para que pase a segundo. Luego de la plática todos vivimos felices, hasta el día que descubrí que si torcía el espinazo y volteaba la libreta noventa grados: la A, la B, la C y todas las demás letras me quedaban bonitas.
Quería resolver el misterio de Orfeo de la misma manera en que deduje que soy izquierdo y mi pupitre era para diestros, pero era casi medianoche y casi lunes. No me quedó otra opción que tirarme a la cama a dar vueltas hasta quedarme dormido. Soñé que era Orfeo y que estaba a punto de ser deportado para Grecia a causa del lío a lo Temba, Tumba y Timba entre Apolo, Clío, Calíope y Eagro. En ese instante volteé el rostro de la misma manera en que Orfeo lo hizo para besar a Eurídice. Deseé que fuera La Cítrica, mas no tuve suerte. Entonces me percaté que el pasajero del asiento contiguo era Caronte que sonrió y me dijo, —Maneco póngase cómodo, de aquí nadie se escapa.
Publicado el 29 de abril de 2009
Revisado 29 de noviembre de 2025
maac 2009

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