Firulais entre Bezos y aranceles
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Firulais entre Bezos y aranceles
Aquella mañana se armó la de Troya. Rápido, muy rápidamente supe que por todas partes se rumoreaba que Amazon planeaba desglosar en sus facturas la cantidad de aranceles impuesta a cada artículo. La tensión escaló mientras la Secretaria de Prensa de la Casa Blanca acusó a Bezos y a su compañía de difundir propaganda china. Además, la vocero de Trump, dijo que la movida era hostil y sesgada políticamente. A mí, más bien, me pareció que, la señora, intentaba demonizar a Bezos y a su compañía. Me encogí de hombros, recordé que a mediados del siglo pasado había serie de tele que se titulaba “Mi marciano favorito” y de un tiempo a esta parte puedo decir que Jeff Bezos ha sido mi demonio favorito. Sí, mañana voy a conjurarlo para ver si me puede conseguir una copia de las obras selectas de Karl Popper.
Bezos desmintió los rumores y aseguró no estaba entre sus planes hacer algo semejante. A grades rasgos , se puede decir que así transcurrió el evento que por poco me revienta mi celular.
No puedo ni me interesa establecer lo que sucedió aquella mañana. Entiendo que todo ha cambiado y eso que podíamos asociar con “la verdad” ha mutado hasta convertirse en una sustancia maleable que algunos llaman posverdad. Siempre ha sido así, pero en nuestros tiempos hay más foros y espacios para “procurar” que la verdad se alinee con nuestros intereses. Me temo que abordar el suceso utilizando los métodos acostumbrados no va a rendir buenos frutos. Así se nos presenta, si tomamos en cuenta la trayectoria de los jugadores que conforman esta partida. Tanto es el nivel de ruido y “verdades” alternas que bien podríamos terminar un callejón sin salida, atrapados y cuestionándonos quién o quiénes pagan los aranceles.
Me parece que recurrir a los mundos imaginarios puede, de alguna manera, ayudarnos a verter algo de lumbre a este asunto. Comenzaremos imaginando que Amazon vende mascotas y que yo como buen devoto de Guy Debord deseo comprar un perrito exótico. Digamos que, para ir entrando en calor, me antojé de un Xoloizcuintle cuyo valor en el mercado puede rondar entre 2500 y 4000 dólares. Luego de revisar las ofertas disponibles elijo un Xolo que cuesta 3000 y desde antes de depositarlo en el canasta decido que se va a llamar Firulais.
A todas estas no podemos olvidar que nos encontramos en una realidad alterna en la que Jeff Bezos optó por incluir junto al precio de “Firulais” la cantidad que corresponde a los aranceles. También es bueno recordar que se nos ha dicho que Mexico es quien va a pagar esa partida. Eso nos da pie para buscar otras opciones. Así lo hice hasta que di con un Xolo tejano libre de aranceles en 2000 dólares, mientras que el costo del otro, con el arancel, subía a 3300. En ese momento, como si me hubiese parido Jalisco, di un manotazo sobre la mesa y me pregunté ¿quién carajos quiere un pinche perro tex-mex?
Sintiéndome desilusionado se me ocurrió que bien podría interesarme un Chow Chow. Las ofertas disponibles iban desde 1200 hasta 2000 dólares. Luego de consultar las ofertas disponibles seleccioné una preciosura de $1600 antes de ponerlo en el canasta de compras pensé en ponerle Chiang Kai-Shek, pero para evitarme problemas con los aduaneros de Xi Jinping le puse Tío Ho. Cuando llegó el momento de concretar la compra me enteré que el arancel de Tío Ho ascendía a 140% o sea $3840. Había otras ofertas de perros criados en Taipei y en San Francisco cuyos aranceles eran menos onerosos, mas no me animé a consultarlas.
En ese momento me alejé de la realidad imaginada para ver cómo los aranceles subían y bajaban acorde a las pajas mentales de Trump. La “verdad” también variaba acorde a las necesidades de la premisa anterior. A la distancia divisé a Sheinbaum y Jinping celebrando que habían dado con el “pendejo proverbial”: “el que todos los días se tira a la calle”. El asunto de los aranceles es complejo y no se debe tomar a la ligera; también afecta a muchas familias en ambos lados de la balanza de intercambio. En cuanto a los países y empresas varía de caso en caso. También abre las puertas para que tanto en México como en Canadá algún emprendedor silvestre establezca una zona de libre comercio que opere en el claroscuro de las fronteras. A los consumidores nos corresponde hacer malabares porque cada centavo de aranceles que paguemos, para fines prácticos, tiene el mismo efecto que un IVA federal (entendí el porqué de las risas de doña Claudia y don Xi).
Entonces, miré en ambas direcciones como quien necesita huir y corrí hacia la cuesta de La Mora en Comerío para rescatar un perrito libre de aranceles y repleto de pulgas (con una buena dosis de cariño, agua y jabón queda como nuevo). Luego di media vuelta y me regresé a los mundos imaginarios sin pensarlo dos veces.
3-5 de mayo 2025 maac

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